lunes, 5 de mayo de 2014

"El jilguero" convierte a la norteamericana Donna Tartt en la Harper Lee del siglo XXI.

El jilguero de Donna TarttEl pasado 28 de abril publiqué un post acerca de la gran novela de Harper Lee "Matar a un ruiseñor".
Pues bien, la ornitología acaba de cobrarse un nuevo título para una de esas novelas que el paso del tiempo no hace sino engrandecer. Me refiero a "El jilguero", tercera novela de la escritora norteamericana Donna Tartt y reciente ganadora del Premio Pulitzer 2014
El paralelismo entre Lee y Tartt es evidente: ambas escritoras sureñas, una de Alabama y otra del Estado de Mississippi, se alzan con el precio Pulitzer a cincuenta y tres años de distancia; pero sobre todo, al margen de los titulos de pájaros y del Pulitzer, lo relevante es que Harper Lee sólo escribió una novela en toda su vida, al tiempo que Donna Tart necesita una década para dar a luz un nuevo título, lo que dice mucho del cuidado con el que trata cada uno de sus libros. En 1992 sorprendió con su primera novela "El secreto" y ya entonces a sus veintiocho años se habló de ella como la escritora revelación. Llevaba trabajando en ella desde los veintidós. 
A partir de ahí el silencio, hasta que en 2.003 nuevamente revoluciona el mundo editorial con "Un juego de niños", tras la cual su producción queda interrumpida durante otra década para reaparecer el año pasado con la que es sin duda su mejor obra: casi ochocientas páginas de intriga, de amor, pero también un espacio para la reflexión acerca del poder redentor del arte. 
"El jilguero" alude al célebre cuadrito del pintor holandés Carel Fabritius, alumno destacado de Rembrandt, que alberga el Maurishuis de La Haya y en el que el pintor reproduce de forma magistral un pájaro atado a su caja comedero mediante una cadenita. Y así, atado a sus imprevistas circunstancias, queda un chico de trece años, Theo Decker, cuando una bomba acaba con la vida de su madre en compañía de la cual visitaba el Museo Metropolitano de Nueva York al que habían acudido para refugiarse de una tormenta. Algo tan imprevisto, tan aleatorio como un repentino aguacero o como no llevar paraguas, determina un cambio absolutamente radical en la vida del joven protagonista, marcada a partir de ese momento por la adorable Pippa, el restaurador de muebles Hobie, el traficante de drogas ruso Boris y un variopinto coro de personajes siniestros que nos recuerdan a Dickens, pero también a Melville y Dostoievsky como la propia autora ha reconocido.
Como veíamos al principio a propósito del paralelismo entre Harper Lee y Donna Tartt, nada en esta novela es casual o quizá todo es fruto de una cadena de coincidencias: el cuadrito elegido, tanto por su pequeño tamaño como por su encantador motivo, atrae la atención del niño y es susceptible de ser salvado por éste. El jilguero, cuya noble estampa nos emociona al percatarnos de que se haya atado a una cadena, refleja vivamente la condición humana, capaz de lo más sublime pero al mismo tiempo condenada al cautiverio de sus propias debilidades. El nombre del protagonista, Theo Decker, tiene diez letras -igual que el de la escritora- y sus iniciales T D son también las mismas aunque en orden inverso. 
Fabritius murió en Delft en 1654 a consecuencia de una explosión en el polvorín de la ciudad. En aquel momento trabajaba en el retrato del diácono Simon Decker. 

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