feria del libro de Madrid 2014 abre sus puertas hasta el 15 de junio.
¿Qué poder de atracción, qué mágico resorte consigue que en un fin de semana se agoten las primeras 100.000 bolsas oficiales preparadas para los compradores de la Feria del Libro de Madrid en un país en el que según la estadísticas apenas se lee?
Pues lo cierto es que en un mundo tecnológico como el actual en el que pantallas de todos los tamaños, desde el más diminuto dispositivo de bolsillo hasta las enormes pantallas de los cines, inundan de imágenes y sonidos a un público cada vez más anestesiado ante cualquier tipo de mensajes por espectaculares que éstos sean, no deja de resultar sorprendente la enorme cantidad de libros en papel impreso que siguen vendiéndose.
La batalla se ha entablado y su desenlace aún resulta incierto. El libro electrónico exhibe su aplastante superioridad en cuanto a capacidad de almacenamiento, ligereza y versatilidad de uso. En el bolsillo en el que antes sólo cabía un pequeño libro, ahora podemos albergar toda una biblioteca que en otras épocas nos obligaría a destinar una habitación entera de nuestro domicilio. A cambio el libro tradicional se deja manosear, es flexible, insensible a las caídas y los golpes y constituye en sí mismo un objeto bello proclive a su deseo.
El éxito que año tras año viene cosechando la madrileña Feria del Libro confirma el inmenso atractivo de esas tapas impresas a mil colores bajo las cuales encuentra cobijo el pensamiento, a cuyo reclamo acudimos con la ilusión de acariciarlas con los ojos mientras atisbamos con el tacto de las manos el hechizo del olfato a tinta y el regusto a la sabia palabra escrita no sólo con la mente sino con el corazón.
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